domingo, 11 de enero de 2015

Alas de fuego

La Navidad ha sido puntual. El día de Reyes dejó ilusión en todos los corazones de aquellos que un día decidimos no dejar de ser niños. Acabada esta etapa,los proyectos de un nuevo año son quienes salen a actuar. Los nuevos sueños han roto su cascarón, y como polluelos de fuego, lloran pidiendo su alimento.

Gritan porque saben que otros polluelos, quizás sus hermanos, no fueron alimentados y quedaron en ceniza, mezclándose en el polvo del camino. Y ellos quieren vivir. La locura será la nana que los cuide, que los alimente de ilusión y esperanza. Porque tienen que hacer honor a su raza. Son crías de fénix.

A pesar de las dudas, los momentos que se quedan atascados en los recovecos del tiempo, el ave fénix sonríe mientras se consume en su propio fuego. Sabe que los momentos en la ceniza son amargos, que la incertidumbre puede ser un invierno largo que impida que el calor avive sus latidos. Sin embargo, sabe que volverá. Sabe que no hay nada que pueda apagar la sonrisa de un loco, que un adcito a vivir conoce los senderos que hay que tomar para saltar desde el acantilado y desplegar las alas.

Porque hay que seguir buscando. Lo maravilloso de la vida es comprenderla como ese camino que se debe caminar. Pero no es necesario buscar un método, porque los límites de la razón son tan franqueables como una vieja cancela. Porque caminar saltando y cantando, siendo capaz de disfrutar igual de una fuente que de un pequeño arroyo es algo que facilita las cosas.

Hoy cenizas, mañana fuego. Hoy no sonríes, mañana carcajada.

Cuando en la vida damos pasos, es necesario dudar y arriesgar. Todo lo peor que puede pasar es...perder. Pero entre las esquinas de la derrota se esconden posibilidades de victoria, de aprender y aplicar lo aprendido.

Cierra los ojos. Escucha tu interior. Arriesga.

Entonces no serás cenizas. Serás alas de fuego.

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