lunes, 19 de enero de 2015

No son molinos...nunca lo fueron

El frío parece haber montado campamento en la ciudad. Por todas partes pueden sentirse las unidades del Invierno, que trabajan sin descanso para aprovechar el tiempo que les resta hasta que regrese la Primavera. Parece que el viento susurra escarcha en las aceras, que la noche extiende su manto a su antojo. Sólo unas pocas estrellas cuajan el cielo, quizás para recordarnos que toda noche fría acaba siendo derrotada por el sol...

En esas me encontraba mientras caminaba a casa, recordando...Hubo un tiempo donde no podía divagar, donde las horas me contaban que el tiempo se acababa, como si mi reloj de arena estuviera lleno, simplemente de aire. Era la época en la que soñar era tabú, en la que podía importarme la opinión de los cuerdos...sin querer, me dejé encerrar en una camisa de fuerza, intentando buscar una felicidad demasiado lejana de los sueños, demasiado cercana a la cordura.

Pero un buen día, al abrigo del bosque, en soledad...empecé a imaginar. Si algo bueno tiene el invierno es un café donde podemos confesarnos. Hablando despacio, bajito, casi respirando las palabras, se encadena una conversación, y aunque no lo parezca, estás cambiando el mundo. Acaba de caer una de las correas de mi camisa.

Luego me atreví a embarcarme en el camino que, tarde o temprano (mejor cuanto antes), todos emprendemos: los entresijos de la felicidad. Y es que acabé por darme cuenta de que cualquier pequeño instante puede encerrar una sonrisa grande como un molino...como un gigante,quería decir (qué gran razón tenía Quijote).

Al caer la camisa de correas, decidí hacer como el Hidalgo. Ensillé un caballo, el que me pareció mejor, y le llamé Paciencia. Me armé con una sonrisa y tomé por escudero a la esperanza. Y así me lancé a los caminos de la vida, dejando que ni siquiera las gotas frías del desánimo pudieran calarme. Me he encontrado demasiados Caballeros de la Blanca Luna, y sin embargo...no pudieron desmontarme. Nadie puede detener a quien abrazó a su locura, a un soñador que sólo desea volar por encima de la cordura.

Y ahí seguí. Sin Dulcinea esperándome, pero cabalgando por donde otros sólo ven momentos...porque yo ahí siento oportunidades.

Que nada borre una sonrisa. Que todo nos haga sonreír.

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