lunes, 23 de marzo de 2015

Cauces y corrientes

Parece que el bosque vuelve a estallar de rabia. Entramos en ese momento del año en el que Mamá naturaleza empieza a desperezarse. Y claro, lo hace extendiendo sobre sus dominios lluvia y viento, para recordarnos que siempre ha estado allí.

Todo esto lo podía sentir al abrigo de una tienda de campaña, sintiendo la magia del bosque, que te arrulla con sus ríos, que te mece con el aliento del viento. Y me pareció un buen momento para meditar sobre estas líneas. Quizás me he empapado de esa rebeldía de la naturaleza, y he sentido cómo desde mi interior ruge el alma, aportando un nuevo estado a mi vida. Sólido no, porque me suena demasiado estático; gaseoso...mmm, interesante, pero pesa tan poco que vuela al son de vientos externos, al ritmo que le marca la vida. Pero...¿y líquido?

Ahí fue cuando recordé que, en mi caso, la clave para ser feliz, es sentirse río. Paseamos entre los cauces de la vida moldeando los segundos con la perseverancia del agua. El problema es que ha habido ocasiones en los que los miedos, las incertidumbres y las dudas han sido tapones de hojarasca y cantos que han dificultado el camino. Y entonces me quedo abatido, sin darme cuenta de que pequeños hilillos de agua, como susurros del río, se filtran entre esos obstáculos, entre los malos momentos.

Y entonces aparecen las cosas. Como mi intención es seguir por los cauces que vaya encontrando, aparecen las sonrisas de tus amigos, el cariño de los tuyos, las grandes personas por las que, inesperadamente, serías capaz de volar bajo el agua; y con eso, ver que los sueños pequeños se convierten en grandes realidades. Y de nuevo...fluye.

Esto pensaba mientras la naturaleza seguía dándome conversación. Al final no conseguí que durmiera conmigo, pero sí que se sentara en mi cama mientras yo trataba de descansar. Al día siguiente, al despertar y sentir el rocío en mi piel...sonreí.

Y volví a ser oleaje.

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