lunes, 24 de agosto de 2015

Abrir los ojos antes de tiempo

6. 15 de la mañana. Abrí los ojos de golpe, con la fuerza de una estrella fugaz...y con su repentino dejar de brillar, volví a cerrarlos. Una vez más, consigo entreabrir mis párpados. Miro a mi alrededor. Parte de las sábanas cubren aún algo de mi cuerpo. Concretamente por debajo de los brazos, a la altura del pecho. Una de mis piernas asoma por el costado de la cama. Miro a la ventana...ya es de día.

Por alguna razón que escapa a mi control, tiendo a despertarme mucho antes de que el despertador cumpla con su cometido, y al igual que el, parece que mi mente no se queda dormida. Acostumbra, últimamente, a percibir el nacimiento de un nuevo día mucho antes de que lo haga yo. Y entonces me quedo tendido, con la suave pereza de despertar y saber que aún no hay que coger las armas, con la calma que grita el silencio a estas horas en casa...

Entonces medito sobre lo que tengo por delante. ¿Por qué nadie dijo que este juego no tenía reglas? La vida en sí, quiero decir. Una de las cosas que más me gustan de ella es que cada uno va configurando las reglas que quiere que rijan sus actos. Por eso hay cuestiones que no se pueden reprochar, ya que cada uno es (o debería ser) libre de elegir como quiere encarrilar su camino, por qué vías circular. Y por ese motivo trato de no cuestionar un acto o pedir explicaciones que no me pertenecen en absoluto.

Y sin embargo...nadie me dijo que las oportunidades estaban ahí. Un momento. ¡Sí, alguien me lo dijo! En realidad, muchas personas. Pero claro, es mejor no hacer caso de esa información: así, si lo que queremos lograr se resiste, podemos justificarnos con el clásico "te lo dije". Pero no nos engañemos: por cada oportunidad que escapa, dos se enteran, y se colocan en sus puestos, en los recodos concretos del camino donde deben esperarnos. Ahora bien, hay algunas que de hecho se van, pero se posicionan en un lugar más adelante, para ver, supongo, si ya estamos listos para atrevernos.

Porque atreverse puede ser el primer paso pasa fracasar, pero es un salto necesario para obtener lo que uno busca. Al final, lo que determina una victoria, es todo aquello que estemos dispuestos a arriesgar. La pequeña diferencia entre celebrar y lamentar está en nosotros: cuando se falla, depende de quedarse con lo aprendido o regodearse en el barro de lo sufrido; cuando se gana, de disfrutar paso a paso lo conseguido, o preocuparnos por su duración.

Al final, me giré, con una sonrisa. Cerré suavemente los ojos. Aún no estaba listo mi día, seguía en el horno, preparándose para mí.

Y el olor que desprende...mmmm...no pinta nada mal.

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