martes, 18 de agosto de 2015

De lo que guardas y de lo que no

Mientras se consume el sol, como una vela que va agonizando sin que nadie pueda ayudarla, las estrellas y las sombras, las luces y la oscuridad, van cogiendo sus instrumentos, para actuar como cada noche. Los grillos y aves nocturnas comienzan sus ensayos, al ritmo que marca la brisa rasgando suavemente las hojas de los árboles, para deleitar a propios y extraños: pasen y vean.

Y observando esto, abro el almacén de pensamientos, y me dispongo a guardar cada sensación, cada deseo, cada momento del día. Incluso en un reloj, donde una hora en un día y la misma al día siguiente se marcan igual, cada retal del tejido del tiempo es distinto. Así que voy a mirarme en los bolsillos, para ver que tengo que guardar hoy.

Son reflexiones, divagaciones en color sepia, sin carta de ajuste, puesto que no puedo ajustar nada. Como nunca fui de cartabones, reglas y escuadras (sí, me gusta navegar a pelo, no le veo sentido de otra manera), saco todo revuelto, sin orden ni leyes fijas. Porque me he cansado de seguir ciertos patrones, ya que ser estricto con eso me ha demostrado que la vida va moldeando tus esquinas...y eres tú quien debe saber cómo encajar esos retoques.

Anhelos y deseos...en realidad no he encontrado demasiados. Simplemente, quizás, el hecho de intentar cada día ser mejor en cada campo que tengo batallar. Porque el deseo de algo concreto ahora se me antoja abstracto, ya que no tengo un puerto decidido. Pero sí el rumbo, un camino que hace tiempo fui aplazando, como quien pasa cerca de la verja repetidas veces, pero piensa que ya, si eso, mañana.

Pero muchas sensaciones. Observaciones, no juicios, que me han llevado a saber qué quiero ser y qué no. Todo lo que aprendo cada día del resto, de todos (puesto que cada gesto, cada acto de cada persona, encierra siempre una enseñanza), lo asimilo poco a poco cada noche. Y tengo claro que no quiero ser alguien que sea capaz de cualquier cosa. No cuando eso entrañe un dolor innecesario a otro. Las ansias de medrar, a veces, se juntan con malos compañeros, y forman una pandilla con la insensibilidad, la falta de empatía, la ausencia de cariño. Y no quiero que me acepten en esa tribu,

Veo cómo las personas, sin querer, se someten a caprichos o directrices de terceros, olvidándose de la primera persona, el "yo", que a veces tanto descuidamos. Porque no se puede levantar a alguien que sufre si quien agarra sus brazos está tendido en el suelo. Para hacer feliz, es preciso ser feliz primero, o serlo haciéndolo. Si no las cosas se vuelven más oscuras.

Lo último que dejo en el almacén, esta noche, es una sonrisa perdida. Una sonrisa que se fue a descubrir el mundo, se sintió sola, y no sabe regresar a casa. Una sonrisa que me encontré en mis recuerdos, que recogí muerta de frío, y que ahora descansa intentando recuperarse. Sin embargo, la he dejado tapada al fuego, para que tenga luz y calor.

Y con esto, bajo las persianas. Tengo una amante en la cama, bajo las sábanas, pidiendo que me tumbe a su lado. Y la soledad es impaciente; creo que será mejor hacerle caso.

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