miércoles, 12 de agosto de 2015

Despertar: las tres sonrisas

Suele decirse que cuando uno despierta es porque abre los ojos. Consiste, supongo, en afrontar la realidad a través de los sentidos,que se nutren de estímulos como un olor, un sonido, un fotograma a los ojos. Y digo supongo porque no lo sé. Es curioso, pero quienes decidimos que la locura consiste en desafiar a los sentidos y a la realidad, solemos vivir en otra frecuencia. En la misma realidad, pero sintonizando sus ondas a través de otros medios.

Por ejemplo. Esta noche he cerrado los ojos unos momentos, tan largos como para parecer que dormía, tan breves como para no hacerlo. Y entonces he vuelto a ver a través de ella: la imaginación. Esa maravillosa capacidad que se me perdió en los bolsillos del tiempo durante una temporada, hoy se ha posado de nuevo en mis párpados. Ahí es cuando he comenzado a pensar de verdad: en lugar de buscar la lógica de los problemas, me he atrevido a soñar soluciones acordes a mí. Porque al final los problemas, tan personales como la voz o la huella dactilar, siempre esconden una solución igualmente adaptada a nosotros: la cuestión es saber entender el juego, despegar la tapa del problema en cuestión, y buscar dentro. El problema en sí no es mas que el disfraz que se pone la solución para retarnos, y así conseguir que aprendamos. Primera sonrisa.

Después he abandonado el camino para rodar colina abajo. Y allí, junto a mí, rodaba la locura. Esa vieja amiga que ya echaba de menos. Porque, cómo es la cordura a veces, ¿verdad? Suelo creer que la cordura, tal como la entiendo, es el maestro racional, que nos aporta lecciones, pero que nos impide sentir más allá de lo que vemos. Si no, ¿de qué color es una oportunidad?¿A qué sabe un recuerdo?¿Cómo huele una ilusión?Ahí aparece la locura. Igual de personal que la imaginación. Para mí, las tres son sensaciones cambiantes: el color, el sabor y el olor de ellas se llama "depende". Y consiste en la actitud que cada uno demuestre ante ellos: querer aprender, disfrutar o simplemente alegrarse; aunque también puede ser dolor, angustia o tristeza. Es nuestra actitud la que define nuestras percepciones, y no debe ser al revés. Segunda sonrisa.

Finalmente, me abracé a la esperanza. Al final resulta que Pandora, en un descuido, la había encajado al fondo de la caja, y por eso no la veía. Puede parecer que se ha perdido, que ya no está, que se marchó de crucero con la amargura a través de un mar de minutos interminables. Sin embargo, cuando uno se carga de sus mejores intenciones, cuando quiere ser noble, y sobre todo, es fiel a sí mismo...acaba pudiendo verla. Tercera sonrisa.

Así, cuando abrí los ojos, tres sonrisas me esperaban al despertar. Con esos motivos, es absurdo no ser feliz.

Aunque a veces la vida tienda a ser cuesta arriba, después vuelve un llano. Quizás no sea cuesta abajo del todo aún, pero es que bajar mucho también puede cansar. Lo importante es subir despacito, disfrutar de un camino ligero...y después seguir caminando.

Desperté.


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