miércoles, 5 de agosto de 2015

Señales

Puede haber caminos. Sí. En el caprichoso baile de segundos, minutos y horas que es el tiempo, hay ocasiones en que aparecen ante nosotros caminos. Lo cual no significa que estos sean fáciles o difíciles. Siempre he creído que las situaciones son maleables, neutras al principio, puesto que siempre van a arrojar una serie de aspectos positivos, y otros negativos. Es la persona que se enfrenta a esas situaciones quien debe tratar de facilitarse las cosas...o ponérselas aún más difíciles.

Y a pesar de la dificultad...tiendo a pensar que la imposibilidad no es más que la improbabilidad disfrazada para asustarnos. Porque al final nada es imposible. Y todo es imprevisible. Por suerte, la vida no es una ciencia que pueda medirse en unidades, porque...¿Cuántos litros tiene un abrazo?¿Cuánto pesa una sonrisa?¿Y metros un buen momento? En realidad, y por esa incapacidad de reducir la vida a unidades racionales, no se deben eliminar posibilidades. Porque como digo, todo es posible.

Podemos intentar engañarnos. Claro, es muy común. Tenderle trampas a lo que sentimos trucando las percepciones. Sin embargo, hay algunas cosas que no podemos discutirnos. Y es por el simple hecho de que están. El destino juega a los dados, en una partida donde su mano siempre es tan poco predecible como caprichosa. Tiende, además, a ponernos a prueba: renuncia a ese dado, que no te hará falta...y al obedecerlo, a veces, descubrimos que dos jugadas más adelante habríamos tenido un póker.

Por eso precisamente nunca supe decir adiós. He preferido un "hasta pronto", siempre, por dos motivos: en primer lugar, porque "pronto" es igual de relativo que "tarde", es nuestra ansiedad o deseo quien elige un nombre u otro; en segundo lugar, porque hace tiempo decidí no ser más listo que el destino, que siempre me ganará nuestra partida...y no puedo aventurar qué puede depararme.

Prefiero seguir sobrevolando, con más o menos plumas en las alas, confiando en que al final las personas  tienen un buen corazón, pero con demasiadas intervenciones quirúrgicas, con demasiadas heridas que, al ser cicatrices, señalan cómo funcionó el pasado.

Esperando señales. Porque eso sí puedo asegurarlo: si distingo un destello, una voz, una sonrisa...un sólo gesto...me lanzo en picado. Total, para levantarme siempre hay tiempo; pero para arriesgarse las oportunidades siempre, siempre, siempre...son únicas e irrepetibles.

"Yo seguiré mirando al cielo..."

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