martes, 26 de mayo de 2015

Y el tiempo pasa

Los días se suceden como arena que se escurre entre los dedos. Como las gotas de un cristal, en un día de lluvia. El frío se calienta, y da paso a la primavera, que espera, mirando el reloj, a que llegue el verano a darle el relevo. Y sin embargo, parece que las cosas no cambian, como si a pesar de que el tiempo sigue caminando dejando su huella, el camino se hubiera detenido.

En una tierra de nadie. En un lugar donde la incertidumbre ha ganado sus elecciones, con mayoría absoluta. Como si todos los segundos del calendario la hubieran votado, para rescatar de la crisis a la vida, al destino. Sigo varado en la playa, con los ojos cerrados, intentando que el viento me haga girar la cabeza, que pueda mirar hacia donde las olas caminan despacio, mientras pasean...

Tumbada a mi lado, la soledad,que me abraza con su piel de niebla, con un futuro hecho jirones, del que nada se puede reconocer. Y es que, al final, cuando no extrañas algo concreto, parece que todo es más sencillo: así, no cierras la puerta a cualquier visitante que pueda aparecer en el futuro. Algunos venderán humo, y será cuestión de, educadamente, cerrarles la puerta. Otros, en cambio, sólo querrán que firmes para compartir un destino más puro, más cristalino.

Por eso, y mientras el cielo se va nublando...no pierdo la esperanza. Un día comprendí que, a pesar de que lluvia moja, también refresca: depende de lo que tú quieras sentir. Y mientras tanto, esperando con el café en la mano, con su calor contagiando mis manos, con su aroma inundando mi ambiente...espero expectante. Quizás haya llegado, pero no me doy cuenta. Quizás...sólo el esfuerzo sea lo que me separa de lo que sueño.

Y es que al final...los sueños pueden tomar solidez, y vestirse de realidad.