lunes, 20 de julio de 2015

La canción de la Luna Llena

El arrullo del viento balanceaba la embarcación. Las estrellas crepitaban en el firmamento, y hacían que el mascarón de proa se ruborizara en destellos. Las velas plegadas coronaban el mástil, descansando de un largo día llevando al barco en volandas, que se deslizaba suavemente sobre el mar. Y allí, sentado sobre su nave anclada, descansaba el pirata.

Pensativo, miraba sobre la cubierta. Estaba en medio del mar. Una masa de agua cristalina a ratos, otras veces turbia: flotaba sobre el destino, que con su caprichoso oleaje puede desviarnos de la ruta. Y entonces decidió pensar sobre ello. Cansado de abordar, decidió navegar en soledad, evitando encontrarse naves a las que saquear. Por eso siguió navegando...

El sabor de sus labios, secados por el sol, a salitre, tenía un gusto ligeramente dulce, el de la esperanza. Se incorporó para apoyarse sobre la proa y mirar el cielo. No pudo evitar sonreír. Un par de estrellas, de color ambarino, como los ojos de una lechuza, parecían enviarle guiños. Esa mirada...ya había aparecido antes en sus sueños. Pero a veces, por miedo a naufragar, preferimos no adentrarnos en la bruma de lo que no conocemos.

Pero esta vez...¿Qué si fracasa? Si se hunde, dejará que el mar lo engulla, y como tantas veces, lo dejé dormir sobre cualquier islote, para volver a hacerse a la mar. Pero sabe que puede llegar a esa isla. ha cargado sus cañones con sonrisas, y su bodega está llena de ilusiones y pequeños momentos venideros. Al final, las mejores islas son aquellas que parecen distar millas si se miran con los ojos; pero cuando ves con el alma, podrías percibir el aroma de la piel de sus árboles.

"Voy a levar anclas. Si me hundo, no saltaré del barco, porque hay que saber aceptar la derrota. Si llego, quizás sea el momento de pagar la deuda por Campanilla. Sobre todo, voy a navegar con valor"

Desplegó las velas. Puso su confianza al timón, y se subió al mástil. Sonriendo, mientras el viento besaba su cara y ondeaba su pañuelo negro...se dispuso a la mar.

"No hay mayor derrota que la de no haberse atrevido, ni mayor recompensa que el valor de comenzar".

domingo, 19 de julio de 2015

Cuando a Peter le embargaron a Campanilla

El fuego. Siempre ha sido el fuego. Ha tenido ese poder de abstraerme de la realidad, de huir a pensamientos encadenados sin razón, de quemar mi lógica. Esta noche es una vela, sobre mi escritorio. Este es mi testigo, mi confidente, donde sangro palabras, donde grito silencios y murmuro mis deseos. Y hoy...lo que consigue prender mi entendimiento es, precisamente, no comprender.

¿Cuándo comenzó? ¿Cuándo empezamos a complicarnos el juego con reglas que no son universales? Alguien dijo que el hombre se rige por la sencillez; si tiene sed, bebe; hambre, come; fatiga, descanso. Pero cuando lo que nos oprime es invisible, sólo queda entregarse a deducciones vagas, a un vapor de hipótesis que se disuelven en el tiempo.

Y es el tiempo. Es el marco donde poder desarrollarnos. Es un recurso tan necesario como el mismo aire. Sin él, sin la oportunidad de ser, y no de parecer, es imposible estar. Porque en ocasiones tratamos de negar lo que vemos, sólo por miedo, e incluso desidia.

Y es esta la que me abraza hoy, con brazos tan fríos y fuertes como una columna de hielo. Congela mi sangre, aturde mis esperanzas. Sin ir más lejos, he recibido una carta allí donde no pueden llegar los carteros...y ni siquiera un email. Grabado en el alma, me han dejado escrita una breve misiva: "Sentimos comunicarle que, debido al impago de su crédito en ilusión, procedemos a embargarle a Campanilla. Podrá recuperarla cuando pague las ilusiones que debe. "

Y no me queda mucho polvo de hada. Lo cierto es que se me está acabando. Al final, las guerras han agotado mis alas, y aunque puedo disfrutar viendo el reflejo en otros rostros, en otros ojos... quiero que estos me miren. Que me lean. Que rían, lloren o se sorprendan.

Sobre todo que se sorprendan. A veces parece que las personas han encontrado en ti un compañero, que sea capaz de sacrificar sus últimas gotas de agua fresca para darles de beber, pero también de valorar las que nos ofrecen.

Al final, somos libres de elegir. Y suele ocurrir que, cuando hallamos a ese compañero de aventuras, tiene un pequeño defecto: no nos atrae como para arrancar a volar. O incluso nos atrae tanto que volamos con una venda en los ojos, sin ver (o sin querer ver) que sus alas son egoístas, y nos dejarán caer.

Y a la luz de la vela...decidí estar cansado. Restan poco, apenas dos meses, para zarpar. Tengo el derecho de estar cansado, y por tanto el deber de salir a la mar.  Subo a la cubierta, agotado, para despedirme, por el momento, de las estrellas. Esperadme. Porque parece que esa mirada se me resiste. Y tengo que descansar, para coser mis velas. Con o sin polvo de hada tengo que marchar.

Pero volveré a por ti, Campanilla. Te lo prometo.