sábado, 1 de agosto de 2015

Carta a Campanilla

Buenas noches, Campa:

Me gustaría dirigirte otra clase de palabras. Esas que normalmente arrancabas de mis cuerdas vocales en las noches de tormenta, cuando el barco vibraba y, calado hasta los huesos, con el peso de segundos vacíos sobre los hombros, tenía que arrastrar la nave hasta lugar seguro. Sin embargo, noto como el sabor avinagrado de los momentos recorre mi garganta, desfigurando mi voz entrecortada por el veneno.

Parece que se me ha caducado el polvo de hada. Y en qué momento. Me encontraba volando sobre el arco iris, descubriendo nuevas y bellas formas, sueños y retos por descubrir...cuando empecé a caer. Y atravesé bancos de nubes, manadas de aire que trataban de agarrarme...pero no podían. hacer nada ya por mí.

He caído en un oscuro bosque donde no cabe ni un sólo rayo de sol. Aquellos destellos ambarinos que antaño me sonreían se fundieron con la niebla del olvido. Y no podía moverme, porque cada opción me parecía peor que la anterior. Y es que no hay nada peor como querer volar y no ser capaz; como intentar caminar y no querer hacerlo.

Fríamente repaso mis opciones. El problema siempre es el mismo. Aunque quiera volar me falta que me espolvorees con tus labios nuevo combustible, pero esa magia no me pertenece. Y nunca he sabido robar. Pero en cambio, no puedo caminar, porque mis ansias de volar no me lo permiten. Cambié mis pies por alas, y ahora que no vuelan, me tropiezo y me caigo.

Sé que mis palabras tal vez nunca lleguen a ser leídas por ti. Pero a pesar de todo quiero agradecerte que me hayas enseñado que por encima de lo que vemos siempre hay más.

Espero que, cuando salga de este bosque, en mi nuevo y último rumbo...encuentre paz.