lunes, 31 de agosto de 2015

Bufón errante

La mañana era gris. Es de esas veces en las que parece que el cielo está hecho de plomo, y lentamente se derrama manchando a las nubes. El frío no era desagradable, sino más bien ese frescor que le queda al verano antes de extinguirse un año más, cuando ya ha guardado todo el calor en su madriguera, pero se ha dejado algo de aire de sus amaneceres sin recoger. 

Todavía envuelto en un saco ligero, me desperezo al son de los pájaros. Habría preferido que el amanecer fuese otro, pero una de las mejores cosas que tiene la vida es no poder elegir al gusto el tiempo, sino dejar que este te sugiera cómo comienza el día. Con todo recogido, decido seguir mi camino. No necesito más que un bastón, mi cantimplora y una canción en los labios para expulsarla en cuerpo de silbido. 

Lo mejor de los caminos es, entre la maleza, ir haciendo el tuyo. Sí, quizás me aburre que mi senda sea siempre la misma: las mismas motivaciones, las mismas metas, los mismos sueños. Prefiero ir escribiendo los sueños con la tinta que me van prestando los minutos, atendiendo los susurros del momento concreto. Además, es tan interesante mirar hacia detrás de vez en cuando como, con la misma frecuencia, desatender donde piso para admirar lo que viene.

Porque a cada paso que das y vuelves la vista, los errores que has cometido son huellas secas tapadas por la maleza que crece a tu paso. Maleza hecha de momentos vividos, como pequeñas señales que recuerdan donde pisaste, que tratan de aconsejarte que aprendas de ellos, no que te martirices sin descanso. Al final, una de las cláusulas que uno firma al ser humano es el derecho a equivocarse, el deber de levantarse.

Y cuando miras hacia delante, y ves lo que puede esperarte...siempre está envuelto entre niebla. Es demasiado fácil engañar a la intuición: los sentidos a veces son verdaderos tahúres con las cartas que el destino reparte, y donde había un cinco ahora ves una reina de corazones.Y es maravilloso poder evitar un sendero y abrir otro, y otro más, con la ilusión imperecedera que tiene el alma de un niño.

Al final, a pesar de decepciones,de chascos y de sinsabores, es recomendable seguir siendo uno mismo. A pesar del porte de un caballero, elegí la planta del bufón. Me gusta vestirme con una sonrisa, e intentar contagiarla, como una epidemia beneficiosa que te empuje a bailar. Porque compartir alegría es tan refrescante como vivirla. Habrá veces que será preciso llorar...pero ¡ssssssshhh!...es un secreto.

Esta fuente me gusta. Me voy sentar a dejar que el viento me acaricie la cara...¿y después?

¿Qué es eso de después?