domingo, 8 de noviembre de 2015

Tinta de vagón

Las luces de la mañana se están insinuando al cielo, como una barra de bar en la que alguien mira proponiendo un acercamiento, con esa complicidad del que sabe que será correspondido. Mientras, el frío de anoche ha ido dejando su rastro, su helada, su sombra escarchada en las lunas de los coches. Y así, voy caminando con calma hacia la parada; total, me queda tiempo para un café al llegar.

Me siento en el vagón. Veo cómo una persona mira sin cesar su teléfono. Quizás espere una respuesta...o una pregunta del tipo "¿y si tomamos café?"...o bien un "¿por qué no?". Aunque también puede ser que esté haciendo eso que a las personas se nos da también, y que la tecnología ha acentuado: repasar errores cometidos al conversar, y aprovechar la tesitura para torturarnos. Y es que, si tratáramos de decir con frecuencia lo que necesitamos, aquellas propuestas que bailan en nuestra mente...si fuéramos más benevolentes con los errores ajenos...quizás el mundo sería otro.

Al lado de una las puertas hay un chico bastante arreglado, con una mochila colgada de un sólo asa (tiene la situación controlada), con los auriculares puestos...sonriendo. Y la gente lo mira raro. ¿Por qué? ¿Por qué debe extrañarnos que uno se ría sólo? Sin embargo, nos parece lógico que alguien llore en soledad. Y, aunque creo que a veces un llanto sin aliados es una buena cura para el alma...¿no será igual de importante saber reír a solas, sin la ayuda de otro que nos haga cosquillas? Porque saber reír es a a vivir como saber dosificar el esfuerzo a una carrera: puede significar la diferencia entre conseguir lo que uno se propone o no. Es más...si eso es de locos..¿cuál es el problema?

Mmmm...toca cambiar de vagón. Una chica joven, nada más cerrarse las puertas, cede rápidamente su asiento a un señor con mucha mas edad, con ese rostro en el que el tiempo ha cincelado experiencias, y le ha dado una belleza que descansa sobre la experiencia. Gestos como este son los que, creo yo, pueden cambiar el mundo. Porque si aprendemos a ayudarnos, pequeñas obras como ceder un asiento, alcanzar algo a alguien, calan hondo en cada generación...y es ese grupo de personas el que, quizás mañana, lidere el futuro. Si han crecido con esa mentalidad, podrán desarrollarla...y construir un nuevo mundo. Vale. Es un sueño...y los sueños,,,sueños son. Pero mientras uno sepa soñar, sabrá tener esperanzas.

Cuando las escaleras mecánicas me devuelven a la superficie, y piso el suelo de la calle, lo hago reflexionando. Bajo tierra, compartiendo un pequeño espacio con personas que no conozco, y sólo observando, he podido aprender algunas cosas. Porque, en el fondo, cada personas tiene una obra que mostrar al mundo. Hay  a quien no le cuesta demasiado hacerlo...otros, por diversos motivos, necesitan ser ayudado. Y poder aprender de todos, ser capaz de destilar cada trocito de sabiduría...es un regalo que, al menos yo, trato de no desaprovechar.

Sí, me cunden los viajes matinales.