miércoles, 2 de diciembre de 2015

Nosotros en Navidad: Ser y estar

Una tarde invernal de otoño, con ese frío que congela el humo de las cafeteras. Aquí plantado,sonrisa en mano, estaba esperando. Tenía esa sensación que tiene uno cuando padece de duermevela a ratos y a noches: mirar a través de las cortinas de la realidad, para intentar observar el mundo de lo soñado, el ideal de lo que deseamos. Pero con esas cortinas de seda brillante en frente de nosotros, sólo podemos intuir lo que hay detrás.

El corazón latía con la potencia de un huracán, que conforme va creciendo, va arrasando a su paso cada asomo de duda, cada momento de no saber, cada pregunta. Por eso, llegados a este punto, a las 8 de ese viernes (o jueves, o martes...al final eso es lo de menos), y a sabiendas de que en realidad no se había conseguido nada, ya lo tenía todo: tenía la suerte de disfrutar, como mínimo, de un par de horas que seguro serían un buen edulcorante para las noches más tristes.

Entonces, mientras mis ojos bailaban de unos paseantes a otros...llegó. La verdad es que no podría recordar qué llevaba puesto, porque sus ojos sonreían, y su voz me decía riendo que con este frío, nos metiéramos en la cafetería. Me pareció bien, porque había llegado la hora. No se trataba de convencer a nadie de nada, se trataba de...ester, de ser, no de parecer.

Horas. Horas al abrigo de cafés. Horas viendo cómo los niños jugaban abrigados en la plaza en torno a un árbol de Navidad. Riendo, contándonos nuestras vidas, nuestros mejores momentos sin obviar detalles, y los peores narrados en sinopsis, como el trailer de una película que más adelante sería desgranada. En un momento dado, no sabría decir por qué, me di cuenta.

Y es que desde hacía un rato nos habíamos cogido la mano mientras charlábamos. Entonces nos pareció buena idea salir a pasear, para ver el alumbrado de las calles. Íbamos de la mano...o no, no me acuerdo, porque estaba nadando en un mar de risas, anécdotas, deseos, confesiones...y pequeños planes: ir al centro a ver ese parque, o pasar por aquel cine en algún momento...por no hablar de esa
chocolatería...

Y al volver a casa, con la certeza de que una semilla gritaba crecimiento, volvía sonriente.

Y lo mejor de todo es que esto que recuerdo hoy, es algo que, probablemente, aunque no ha pasado...llenará en algún momento las páginas de lo vivido.