lunes, 21 de marzo de 2016

Y así nos comemos la tarde

Bueno, pues esta todo. Parece que llegó la hora. Joder, llevas esperando un momento largo tiempo, y, sin embargo, cuando llega, te pilla a medio vestir, con la maleta sin hacer.

Ummm...tengo que meter ese libro. Estaría muy feo acudir al primer café sin la lectura que le prometí llevar. Nunca es tarde ni pronto para tener un detalle, pero el hoy ha enfermado en ese sentido, y hay quien se empeña en ponerle por qués a las cosas...Pero no, simplemente, es algo que se puede hacer, si uno quiere. Además, en lo que nos atienden, después de los dos besos de rigor, de la sonrisa de bienvenida, podemos valorar brevemente la lectura. Lo bonito de regalar libros es que, en el fondo, estás regalando aventuras, misterios, amor, odio, pena, fantasía...todo entre dos pastas.

Vale. Ahora, tengo que llevar el reloj. Me será muy útil en lo que llega, porque aunque llegue puntual, yo estaré allí un poco antes. Prefiero sentarme tranquilamente, a disfrutar de la tarde que ha instalado la primavera  -los operarios llevan trabajando en ello desde hace unas horas-, y mirar de vez en cuando el reloj. Pero cuando llegue me lo quitaré, porque las leyes del espacio tiempo -me han dicho- se pueden obviar en circunstancias especiales. Y un café agusto, donde cada segundo va cargado de energía, donde el hoy adelanta al pasado y retiene un poco al futuro en la misma baldosa...es una circunstancia especial. Así pues, no necesitaré medir un tiempo que no va correr. 

Bien, cogeré también...sí, me puede valer. Mi chaqueta. Es que...a ver. Si no voy a contar el tiempo, es absurdo pensar en que cuando vuelva a casa hará frío. Pero como espero que la tarde se disuelva lentamente en un magma templado de risas, miradas cómplices, anécdotas, reflexiones...y, por qué no, un pequeño paseo, en ese momento del día en el que el aire de la tarde y la brisa de la noche juegan juntos...pues sí. Igual hasta hace frío.

Y ya,,,para terminar...que no se me olvide. Voy a dejarme en casa la maleta. Porque no me gustan las despedidas, y sin querer, asocio a las maletas a las despedidas. ¿Para qué despedirme cuando estoy bien? Si es que nos lo buscamos todo a veces...

Además, lo más importante lo llevo encima: ganas de sonreír, la ilusión de pasar un buen rato, y sobre todo...la certeza de que, cuando vuelva a casa, vendré más lleno que cuando me fui, con más aprendido, más disfrutado...más vivo, en suma.

Y bueno, me voy ya, que al final, con la tontería, llego tarde.

"¿Café?¿O prefieres otra cosa?

Te estaba esperando." 

Y sonrisa.












No hay comentarios:

Publicar un comentario