domingo, 3 de abril de 2016

Cuentos del Loco II: La Huida del Fuego

"Era invierno en aquella aldea. La nieve había decidido hacer del lugar su reino, y cubría todos los caminos, tejados...pero sus gentes ya estaban aclimatadas. Quien más, quien menos, había crecido al amparo de la nieve, las duras temperaturas, y los inviernos despiadados. Rara vez sentían miedo, el frío interno que sopla al alma, esa sensación de inseguridad que va más allá de lo que se puede sentir con racionalidad...

Pero esta vez sí tenían una inquietud creciente. Porque estaba ocurriendo algo inusual. Demasiado inusual: alguien estaba robando las llamas de las antorchas. Cada vez más testigos afirmaban que el fuego había desaparecido, abandonando a unas teas que ahora se veían huérfanas. Incluso en las chimeneas de los hogares, ahora sólo se veían las huellas de hollín en el interior de sus muros. Nadie se lo explicaba.

Curioso. Algo tan cotidiano como el fuego, de un uso tan común, desaparece de repente...y le damos una importancia vital. Así transcurrieron varios días. Semanas. Meses. Y todos esperaban que, tarde o temprano, regresara.

Hasta que una buena mañana alguien decidió buscarlo, un grupo de niños. Pasaban muchas horas frente al fuego, admirando su danza, dejando que su crepitar llevara lejos su imaginación. Admiraban la sensación de calor que cubría cada poro de su piel, el suave ondular de la luz en su escenario, dentro de la chimenea...

Así, tras días de vagar por un bosque, vieron cómo en el interior de una casa refulgía una luz casi celestial. A la puerta, una figura encapuchada se reclinaba sobre una hamaca, puliendo una pequeña madera con su navaja.

-No esperaba menos. Al final, sólo quienes valoran las cosas salen a buscarlas, y sólo ellos son capaces de hallarlas. Aquí duerme vuestro fuego. Tranquilos, mañana por la noche, el fuego volverá a vuestros hogares..."

- Y así, a veces, cuando no valoramos lo cotidiano, lo que tenemos; cuando no sabemos comprender que en el cuidado de lo que nos llena descansa su valor, y la felicidad que irradia...el cruel olvido se cubre el rostro con su capucha, y nos lo arrebata de las manos. Cuidar lo que vivimos, lo que alumbra nuestro día a día...es la firma de la alegría.

(Quién sabe. Algún día decida recopilar todo aquello que me enseñó el Loco. Y algún día quizás explique por qué se decidió que era mejor encerrar su sabiduría que dejarla volar,)







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