sábado, 20 de agosto de 2016

Los Cuentos del Loco X: El saco de las Cosas que Nadie Pide

"Pensarás que para cada cosa alguien escribió un cuento. Claro que no. Los cuentos se escriben no se escriben con tinta, sino que se tallan con la voz. Con la de cada uno. Nadie enseña al portador de historias, como en el guión de una obra de teatro ,dónde debe insistir, dónde colocar el acento, ni siquiera a qué dar más relevancia. Lo más bello de contar un cuento es que se es libre para hacerlo del modo que a uno más le convenga...y recuerda: la libertad no es algo que se nos regale. La libertad se aferra a nosotros cuando nos cortan el cordón, al nacer, para sobrevivir. Por eso eternamente va con nosotros; por eso...por ese motivo, es nuestro derecho y nuestro deber ser libres...

Quizás fue esa libertad, la capacidad de elegir, lo que truncó el destino de nuestro protagonista. Desde niño, soñaba con ser un héroe. Corría entre los árboles de su aldea imaginando un centenar de batallas. Era atacado por monstruos terribles, criaturas fabricadas con su fantasía, cuyo punto débil era él mismo, que escogía los momentos dramáticos para matarlas. Creció, modificando su concepto de héroe, tratando ahora de ayudar a aquellos que le rodeaban, porque entendía que la heroicidad, cuando uno crecía, se basaba en ofrecer trozos de felicidad a quienes habían dejado de saborearla.

Una noche, cuando dormía, tuvo un sueño. Estaba en una tierra desértica, bajo un sol estrellado. Un anciano, sentado bajo un árbol, le miraba con detenimiento. Sus ropas parecían estar tejidas de la misma tela de arpillera que el tiempo. Sus ojos eran dos tajos dados a la oscuridad, suficientes para ver, sin mostrar ninguna emoción. Unos cabellos canos, como alargadas lianas de plata, cubrían los laterales de su rostro, enmarcándolo. 

"Escoge, amigo, cuál quieres que sea tu destino". Una voz suave,potente, cargada de sabiduría y de años, invitaba al chico. Este, no lo dudó. "Quiero ser un héroe. Quiero regalar a las otras personas momentos que les den felicidad." La respuesta, entonces, fue firme: "Recuerda que cada paso que des, cada camino que tomes, irá empedrado de consecuencias, todas ellas de diversa forma y sentido."

Cuando abrió los ojos, no notó nada extraño en su interior. Pero, bajo su cama, había un saco, sobre el cual, tejido, había un rótulo: "Las Cosas que Nadie Pide". Lo cogió, y dentro no había nada. Pero como le pareció algo extraordinario, decidió guardarlo consigo. En cierta ocasión, hablando con un amigo, sintió que su saco tosía. Y al abrirlo, extrañado, descubrió que había algo en sus entrañas. En este caso, era un pergamino en el que aparecía un mensaje: "Pregúntale sobre su trabajo". Cuando lo hizo, su amigo se alegró enormemente, y le contó todo con pelos y señales, sonriendo. Después, este le pidió consejo, pero se había hecho tarde, y tenían que marchar.

Más tarde, una joven llorosa se acercó a él. Cuando miró en su saco, conscientemente esta vez,  un nuevo mensaje yacía en su fondo: "Deja que cuente su historia y dile que todo irá bien". Así lo hizo. Y ella sonrió, alabó sus palabras, a él mismo...pero se marchó, y jamás volvieron a verse.

Y así fueron pasando los años. Un sentimiento de soledad pesaba en su alma. Porque en ese saco mágico siempre había respuestas para las preguntas de otros, pero jamás salidas a sus problemas. Triste, sobre su cama, sintiendo que permanecer de pie era una carga insoportable, recibió la visita del anciano que le regaló el saco. "Quise advertirte, pero simplemente soy tu Conciencia: especificaste que querías ayudar a las 'otras' personas, no a ti mismo. Por eso no has podido ayudarte, y al invertir tu tiempo solamente en el resto, hoy dejaste tu vida sin construir...y ya es tarde..."

- ¿Qué ocurrió?
- Nadie lo sabe, amigo. Al fin y al cabo, es un personaje de leyenda. Pero es triste lo que le sucedió. Sucede a muchos. Incluso a ti, que escuchas mis palabras con atención. Es a nuestra conciencia a quien debemos preguntarle qué queremos ser. Ella, con la sabiduría que le han dado todos los años que hemos vivido, con la ceguera justa para no dejarse influir con lo demás, nos guiará. Pero cuidado, porque elegir un camino es siempre desechar otros tantos. Y muchos queremos ayudar al resto, y el ser humano suele ser egoísta, y restar valor a lo que a otros les sucede. Unido al hecho de que es costumbre cuidar menos a quien más se preocupa (porque parece que jamás desaparecerá), el portador de ese destino, el forjador de sonrisas, naufraga en una soledad amarga...


(Un destello sombrío cruzó su mirada. Me pregunto si, aquella tarde, mi amigo no estaba empezando a desnudar su alma...pero marcó a fuego la mía, como siempre. En su honor, prometí buscar el equilibrio a mi destino, dibujando buenos momentos a todos. Incluido a mí mismo.)















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