lunes, 24 de octubre de 2016

Interludio: la Negociación del Caballero

"Esta historia no la firmaré con tinta, sino con segundos. Con minutos, años. Es tiempo lo que humedece este papel ajado, son vivencias que se me caen del alma, y quedan arrugadas, apelotonadas...en suma, este cuento quedará aquí, en esta celda que es mi castillo, mi orgullo, el harén de mis psicosis, Olimpo de mis delirios...y su pirámide será una losa, la que está en el centro del palacio, para que sobreviva a mi sombra, a mi espíritu...a mi ya deshilachada sonrisa.

Cuentan que un joven juglar, cuya única virtud descansaba en las cuerdas de un laúd, perseguía a la fortuna por los caminos. Esquivando a salteadores, ladrones y proscritos, portaba sobre sus bailes mil historias, que contenían diversas aventuras. Algunas hacían reír al respetable. Otras, arrancaban lágrimas de los ojos más reacios. Había, en fin, esas que hacen que el más pequeño hombre quiera salir a la arena a encarar a su destino.

Pero, como suele pasar a menudo, cuando estaba en lo más alto de su momento, cuando atesoraba el suficiente valor como para esquivar cualquier dardo que procediera de la más afilada de las gargantas...cayó. Por motivos que se enredan en las raíces del tiempo, alargadas y quebradizas, decidió que era el momento de colgar el laúd y agarrar las bridas de su caballo. Quería calzarse su vieja armadura, abandonada durante tantos años...porque, efectivamente,antes de ser juglar, fue caballero. Cuando estaba cubierto de derrotas decidió salir a los campos siguiendo el rastro de su propia voz, los designios de su destino, del que iba escribiendo con su baile...

Y, claro, tenía que ocurrir. Se lanzó, una vez más, contra aquel viejo enemigo. Un caballero de negra armadura. Ciego, sordo, pero extremadamente hábil percibiendo a sus presas. El Miedo lo esperaba, portando su lanza y su escudo. Y entonces, se enzarzaron en un brutal combate. Los envites rasgaban el viento, que se quejaba en agudos aullidos que saltaban de las chispas de las armas. La luna llena no perdía detalles, arropada ya con las oscuras nubes para velar la batalla. Abolladuras, llagas, rasguños...y exhausto, anegados sus ojos en un fango de derrota, tristeza y rabia...el juglar hincó sus rodillas. Volvió a ocurrir. Y negoció su rendición:

'Hagamos un trato: Yo no me enfrentaré más a ti con estas armas. Sólo lo haré cantando y bailando, con tinta, pluma y papel
. Porque no porto espada que ensarte tus sombrías entrañas, y tú abres mil caminos en las mías. Tú ganas'

Y cuando recobró el habla, cuando fue consciente de su realidad, estaba en una celda, que era su castillo, su orgullo, el harén de sus psicosis, Olimpo de sus delirios..."

2 comentarios:

  1. Wow, me ha gustado, impresionada me has dejado. Jijiji, te seguiré.

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  2. Wow, me ha gustado, impresionada me has dejado. Jijiji, te seguiré.

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