viernes, 1 de abril de 2016

Cuentos del Loco I: El ángel desamparado

"Oscuridad. Una sábana espesa que cubre el cielo cada noche. Más aún cuando, incapaces, las estrellas no quiebran su manto, y lo que nos rodea parece cercar a todos los sentidos. Ese frío que congela el pensamiento, que hace tiritar al valor, que aterra a nuestro pulso. Parece que el suelo se deja impregnar de lo que está ocurriendo sobre él. Está cubierto de una neblina grisácea, como jirones de nubes derrotadas...y al fondo...se alzan las verjas de Camposanto.

El cementerio cubría una gran parte del terreno irregular. Para poder discernir que había a una distancia corta, era necesario entornar los ojos, que podían secarse como pedazos de cuero al sol. Hileras e hileras de lápidas olvidadas, descuidadas, marcaban los límites de los senderos, trazados al azar, sin más lógica que la necesaria para entender cuánto ocupan las piernas al caminar...y no respetar demasiado este razonamiento.

Y al fondo, en la zona central, se alzaba un enorme panteón de mármol negro, derruido. Sus piezas se amontonaban, como colocadas por un jugador de ajedrez caótico, sin orden, sin medida...silencio. Una enorme capa de silencio envolvía este paisaje, pero de repente una respiración entrecortada quebraba su melodía. Sobre una losa más grande de esa piedra vencida por el devenir de los días...descansaba un cuerpo.

Su pelo liso, negro, tiras de alquitrán finísimas. Sus ojos entrecerrados dejaban entrever un brillo color de sombra, brillantes, como dos llamas de fuego negro, que derretían delicadas lágrimas. En su sinuoso sendero, se deslizaban por un rostro de suave cincelado, extremadamente bello. Los labios, arqueados en un rictus de pena, parecían mantener la sensualidad de una sonrisa anterior, ya olvidada.

Su cuerpo se disponía en una posición extraña, vencido, como si hubiese sido colocado de ese modo por un titiritero, sin voluntad propia. Pero aunque este era tan bello como el rostro...lo que más destacaba era lo que nacía de la espalda de la criatura: dos enormes alas oscuras, dobladas, partidas, rasgadas, dañadas, rot..."

-No sigas...Es muy oscuro que le ocurra algo a un ángel.
-Bien, doctor. Sólo te diré que ese ángel es, en realidad, lo mejor de ti.
- ¿Cómo?
- Sí, verás. Todo lo bueno que atesoras tiene forma de ángel, porque es bello y libre, y puede proteger a quienes te rodean con su sonrisa. Pero a veces, sin darnos cuenta, dejamos que se caiga y se haga daño. Entonces, como se apaga la luz, brota todo eso que has visto a su alrededor...y hay dolor. Y sufrimiento. Pero, ¿sabes lo mejor de todo?
-No...¿qué?
-Que siempre sale el sol, y cada mañana trae en su regazo nuevas oportunidades.

(A día de hoy, años después de abandonar mi puesto en aquel Sanatorio Mental, sigo recordando el cuento de aquel "loco", lo que aprendí de él, ...y lo mucho que lo extraño.)