domingo, 1 de mayo de 2016

Cuentos del Loco VI: Los Restos del Naufragio

"La masa de agua que parece no moverse, pero baila una danza pausada, constante. Parece que el mar en calma intenta que quien lo mire sienta que no se mueve. El náufrago juega con él al escondite inglés, y cada vez que se gira para mirarlo, le envuelve esa sensación de desidia...

Joven el marino, apuesto, seguro de conocer (como todos) los grandes secretos de la mar. Se sentía capaz de leer los gritos de aquella tempestad, capaz de enderezar el barco, asirlo por la cintura, y hacerle bailar bajo los relámpagos, sobre el bravo oleaje, con un mar que echaba espuma por sus fauces...y claro...cuando abrió los ojos, flotaba sobre una pequeña tabla...

De pronto, un día, vio acercarse una pequeña barca. El marrón oscuro de su casco delataba su antigüedad. Un pescador anciano, con el rostro cincelado de arrugas, le invitaba a subir. Pero el náufrago prefirió no subirse a esa embarcación, porque pensó que no era lo que alguien como él, de su posición, merecía. Así, ignoró al pescador, y maldijo su suerte...

Más tarde, notando el rugir de sus entrañas, consiguió llegar a una isla diminuta, que le ofrecía el alimento justo para subsistir día a día. El pelo y la barba cubrían su rostro, a una velocidad semejante a la que su cuerpo iba perdiendo grosor...

Un buen día, mientras contemplaba  su mar (después de tantas horas marcado por él, podía considerarlo parte de sí mismo), vio cómo una embarcación bastante grande se acercaba a sus terrenos. Pero cuando se dio cuenta de que aquello era exactamente lo que siempre había querido,se asustó,y decidió ignorarlo, como ya hiciera con aquel pescador anciano.

Continuó rehuyendo la mirada de nuevas naves que se aproximaban a sus calas, hasta aquella noche. Débil, somnoliento, se detuvo a contemplar sus nudosas manos. El pelo, antaño negro como una noche sin estrellas, ahora parecía remendado con algodón. Notaba el peso de los años, y las astillas de la soledad clavadas en sus costillas. Había llegado el momento...se acurrucó...y dejó que la arena de su reloj se derramara del todo..."

- Y entonces murió sólo.
- ¿Qué esperabas? Es que, hasta que conseguimos aprender, somos así. Navegamos a través de la vida, sorteando peligros y creyendo que sabemos todo acerca de ella. Cuando de verdad sufrimos, y caemos al suelo, nos cuesta volver a subir a una nueva oportunidad. Y donde comienza la inconformidad, se mece nuestra soledad, plácidamente, Porque no importa cuán bueno sea lo que conocemos:a veces creemos merecer más, o todo nos asusta...pero, amigo, al final, el tiempo huye por el desagüe del último bis...Que eso ocurra en plenitud, o en decadencia, depende la valentía y de la humildad, a partes iguales, de cada persona..."

(Así, cada vez que encallo entre los pliegues de la vida, vuelvo a escuchar aquella voz templada, recordándome que nada es tan malo como parece, ni tan bueno que no pueda alcanzarlo.)